Morton Feldman protagoniza una nueva entrega de NO-MUZAK en el ascensor de La Cárcel Vieja
En el centenario de su nacimiento, Morton Feldman se revela no solo como una figura esencial de la música del siglo XX, sino como una presencia todavía viva, incómoda y necesaria. Su obra nos invita a escuchar de otro modo: con paciencia, con atención extrema, con una disposición casi contemplativa hacia el sonido.
Su relación con la pintura abstracta, especialmente con artistas como Mark Rothko, Philip Guston o Jackson Pollock, marcó profundamente su manera de pensar la música. Feldman entendió el sonido como materia, como color, como espacio. Sus partituras no buscan imponerse al oyente, sino crear un campo de percepción donde el tiempo se vuelve poroso y la escucha se transforma en experiencia física y mental.
A cien años de su nacimiento, valorar a Morton Feldman significa reconocer a un creador que amplió radicalmente los límites de la música contemporánea. Su legado no reside únicamente en la originalidad de su lenguaje, sino en la ética de su escucha: una música que exige lentitud en un mundo acelerado, sutileza frente al ruido, atención frente a la dispersión. Feldman sigue siendo actual porque nos recuerda que el sonido no necesita conquistar ni demostrar; puede simplemente estar. Y en esa presencia leve, prolongada y misteriosa, su música continúa abriendo espacios de libertad, silencio y pensamiento.
NO-MUZAK convierte el ascensor de la Cárcel en un lugar inesperado de escucha. Este proyecto transforma ese espacio transitorio en una instalación curatorial que ofrece piezas de arte sonoro, músicas experimentales o registros históricos seleccionados con intención pedagógica. La propuesta cambia mensualmente y puede incluir obras de artistas contemporáneos, fragmentos documentales, grabaciones de campo o reinterpretaciones musicales poco conocidas. Una experiencia inmersiva en movimiento.