Abismos líquidos: archivos sonoros de la NOAA, la nueva propuesta de NO-MUZAK en La Cárcel Vieja

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) es una institución científica dedicada al estudio de la atmósfera, los océanos y el clima. Entre sus herramientas de investigación se encuentra una red de hidrófonos autónomos, es decir, micrófonos submarinos capaces de registrar sonidos a enormes distancias bajo el agua. Gracias a este sistema, instalado en el océano Pacífico, se detectaron una serie de señales acústicas poco habituales que con el tiempo se hicieron conocidas como sonidos enigmáticos.

Reciben ese nombre porque, en el momento de su registro, no se pudo identificar con certeza su origen, lo que dio lugar a especulaciones y al interés tanto de investigadores como del público. Aunque el océano sigue siendo uno de los territorios menos conocidos del planeta, no todos sus enigmas se deben a criaturas imposibles o fenómenos sobrenaturales.

Varios de los sonidos más célebres registrados por la NOAA fueron captados por una red de hidrófonos instalada en el Pacífico, originalmente diseñada para la vigilancia militar durante la Guerra Fría. Estas señales llamaron la atención porque algunas pudieron oírse a miles de kilómetros de distancia y no encajaban de inmediato con fuentes conocidas.

Con el tiempo, varias hipótesis han apuntado más a procesos naturales que a misterios irresolubles. Upsweep podría estar relacionado con actividad volcánica submarina, mientras que Whistle presenta rasgos compatibles con movimientos del fondo marino, aunque su origen exacto sigue sin poder determinarse porque solo lo registró un hidrófono.

El caso de Bloop, quizá el más famoso, se asoció después con criosismos o con grandes masas de hielo rozando el fondo oceánico, una explicación similar a la propuesta para Slow Down. Julia continúa siendo incierto, aunque también se sitúa en regiones australes donde el hielo y la actividad geológica pueden generar sonidos de enorme potencia.

Más que pruebas de seres desconocidos, estos registros muestran hasta qué punto el océano profundo sigue siendo un laboratorio natural lleno de fenómenos acústicos sorprendentes.