Se estrena un homenaje a la película Tiburón en el ascensor de La Cárcel Vieja por su 50 aniversario
La Cárcel Vieja estrena un homenaje a la película Tiburón bajo el ciclo NO-MUZAK, que se podrá visitar desde el día 19 de diciembre. En 2025 se cumplen 50 años del estreno de Tiburón (Jaws), la película con la que Steven Spielberg convirtió una historia “de playa” en un fenómeno cultural que todavía muerde. Su estreno en EE. UU. fue el 20 de junio de 1975, y la manera en que llegó a los cines ayudó a cambiar para siempre la industria: se lanzó de golpe en cientos de pantallas y con una campaña televisiva nacional inusualmente agresiva para la época. Ese cóctel -verano, estreno masivo, marketing a lo grande- es una de las raíces de lo que hoy entendemos como “blockbuster veraniego”.
Tiburón no solo triunfó por mostrar un tiburón enorme, sino por lo que no mostraba. La producción tuvo problemas célebres con el tiburón mecánico (la criatura que el equipo apodó “Bruce”): fallos técnicos, mar impredecible, tomas que se eternizaban… y, de pronto, una limitación se volvió estilo. Spielberg explotó el fuera de campo, los planos subjetivos bajo el agua y la tensión de “algo se acerca” sin necesidad de enseñar demasiado. El resultado es una lección de suspense: la imaginación del espectador trabaja horas extra, y eso siempre da más miedo. (Ese enfoque -más sugerir que exhibir- es parte del motivo por el que la película envejece tan bien.) En ese suspense hay un ingrediente que funciona casi como un personaje: la música. John Williams compuso un tema principal minimalista, basado en dos notas alternas, que se convirtió en un símbolo universal del peligro que acecha. La idea era tan simple que, según se ha contado, al principio provocó risa incrédula… y luego se volvió inevitable: basta escuchar ese pulso para “ver” al tiburón sin que aparezca en pantalla. La banda sonora ganó el Oscar y el motivo principal quedó grabado en el ADN de la cultura pop. Tiburón sigue siendo un hito perfecto para la divulgación: porque permite hablar de lenguaje cinematográfico (cómo se construye el miedo), de historia de la industria (cómo se “inventa” un gran estreno moderno), y también de biología y ecología. En definitiva, a los 50 años, la película TIBURÓN aún conserva su mordida.